PEDAGOGÍA PARA HACER LAS PACES

Esta praxis es obra de Felipe Rivera, educador popular de nacionalidad Colombiana.

                                                        “No creo en ningún esfuerzo llamado de educación para la paz que, en lugar de revelar el mundo de las injusticias lo vuelva opaco y tienda a cegar a sus víctimas.”  (Paulo Freire, 1986:46)                       

EDUCACIÓN POPULAR PARA LA PAZ. EDUCACIÓN POPULAR COMO PEDAGOGÍA PARA HACER LAS PACES

Que es educar para la paz, en especial educar para la paz desde el Sur. Para ello, nos remitiremos a la Educación Popular como identidad y autonomía,  porque si hay una educación para la paz en América Latina y es una Educación Popular, la de los oprimidos que luchan por su liberación y la de sus pueblos explotados y reprimidos en búsqueda de la emancipación descolonizadora. 

IMG-20170530-WA0070.jpgEste ensayo es una reflexión como oprimido y un análisis sobre lo que es educar popularmente hacia una cultura paz, ya que hay varios aspectos puntuales sobre lo que es importante enfocarse si el valor deseado que es la paz, se quiere enseñar y aprender; En primera instancia hay que entender que existe una sociedad que se rige bajo unos parámetros económicos, políticos y sociales. Sociedad que se define en un contexto de realidad en el que cohabitan diversos grupos humanos que establecen las relaciones sociales, las cuales están mediadas por unas relaciones de dominación que van más allá de la voluntad de los sujetos sociales. Una sociedad que siempre se halla en un sistema de dominación bajo la existencia de un poder que determina lo que van hacer los sujetos sociales, convertidos así en autómatas, en seres sin voluntad, deshumanizados, carentes de opinión y de decisión. En este esquema aparecen dos tipos de sujetos ubicados en dos extremos de una misma línea: OPRESORES Y OPRIMIDOS

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Ambos gravitan en la realidad que les niega la libertad, que es la libertad de ser y de hacer; así el opresor busca fortalecer su posición para dominar porque su seguridad está en esa posición de dominio. Mientras que el oprimido aparece como un sujeto sin voluntad, alienado, el cual se refugia en la opresión porque teme perder la seguridad que le brinda el sistema, así sea bajo condiciones de yugo.

Solo cuando nace la conciencia de ser persona con dignidad, el sujeto social se plantea un cambio en su propia realidad. Pero esta conciencia no aparece así no más, es necesaria y urgente una educación popular para la paz que le brinde al hombre y a la mujer una conciencia del mundo y perciban su situación en la sociedad, porque cuando conocen el entorno y el papel que juegan en él. Buscan la transformación de la realidad en la que habitan como parte del cambio que desean y que hace que los sujetos sean un ser consiente como oprimidos, ante la inminencia de una apertura en las culturas que pueda dar paso al cuello de botella de oprimidos a opresores, y en este sentido convertirse en el obstáculo de la libertad de los otros. Así, se hace necesario el liderazgo de sujetos revolucionarios que están en búsqueda continua y permanente de la liberación, los cuales son conscientes de que su papel no puede llevarlos a ser opresores. Porque en este nivel debe empezarse un trabajo con los sujetos oprimidos cuya finalidad es crear la acción/reflexión/acción en contra de su opresor a través de un proceso de educación popular para el desvelamiento de la realidad injusta, y para descubrir los elementos que utiliza el sistema para oprimirnos; sabedores de ello y de las tácticas empleadas se despojan los miedos. Convirtiéndonos en actores sociales activos, educadores e impulsores de las grandes transformaciones que requiere la sociedad, porque toda sociedad constituida posee una división social dentro de la cual se enmarcan las relaciones de poder establecidas y que bajo este esquema puede verse al opresor como quien impone ideas, pensamientos y derroteros que todos deben de seguir; En fin, imponen su forma de ver el mundo. Imponen la cultura del silencio, cuya cultura profunda es la guerra

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En este contexto, la educación popular es consciente y se convierte en la forma de acabar con los criterios de totalidad impuestos por el poder. De esta manera la educación popular para la paz permitirá la posibilidad para que los sujetos aprendan a verse como seres para sí mismos, con confianza de si y que juegan un papel en el mundo, y que desde esta expectativa elaboran una problematización de su propia realidad que lo lleva a ser sujeto con consciencia histórica y así conocer las circunstancias que han rodeado su existencia, la gestión de los poderes y las desigualdades, entre otros.

Desde esta perspectiva los opresores, conscientes de su papel proyectan solidarizarse con los oprimidos, esto los conduce a tomarse el liderazgo de las masas con la idea de lograr el cambio como actor consiente. El opresor sabe quién es y que quiere, conoce el origen de las diferencias y puede focalizar sus cambios al mismo tiempo que busca solidarizar el resto de la sociedad

IMG-20170530-WA0054.jpgPor su parte, los oprimidos en general tienen una gran inconciencia y son desconocedores de su papel en el mundo, esto puede llevar al oprimido a convertirse en opresor. Pues ve en su libertad un ideal que hay que mantener a toda costa y lo buscan pasando por encima de quienes ocupan su lugar de oprimidos; de la misma manera, cuando se saben en un sitial de poder y empieza a identificarse con los opresores, copiando su modo de vida y suplantando su realidad.

Cuando se evidencia la aparición de esta problemática, hay que desarrollar un auténtico compromiso con la liberación como acto radical de solidaridad, que solo se expresa en el amor eficaz, amor al prójimo que restaura la humanidad. Lo cual implica un liderazgo critico que termine con las estructuras ideológicas impuestas y que reconozca al otro y le dé el lugar que le corresponde como sujeto social libre, igual e indispensable en la construcción del tejido social que fortalecerá el musculo del poder popular constructor de cultura de paz.

IMG-20170530-WA0031.jpgPara concluir y teniendo en cuenta lo anterior, la educación popular para la paz. Desea ser y engendrarse como la expresión pedagógica más auténtica y que se reinventa desde los pueblos oprimidos frente a su proyecto liberador. Creando el acto solidario del amor eficaz y al ser sentípensante, inserto en la futura y transformadora generación de nuestro pensar, sentir y actuar en el mundo y con él. Ya que como lo dice Vicenç Fisas, la paz es posible. Y la escuela de la paz es la vida.

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Elaborado por:

Andrés Felipe Rivera Pérez

Educador Popular y Constructor de Cultura de Paz:

Celular: 311 729 81 07

Correo: grupodeestudiopolifreire@outlook.es   –   andresfeliperipe@gmail.com

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